A veces los atributos divinos reemplazan el nombre divino: «Levántate, oh Jehová, al lugar de tu reposo, tú y el arca de tu poder» (Psa_132:8).
Otro grupo de adjetivos enfocan en la redención divina (cf. Heb_8:5). Es así como aroÆn se describe a menudo como «el arca del pacto» (Jos_3:6) o «el arca del pacto de Jehová» (Num_10:33).
Como tal, el arca contenía las evidencias de los hechos redentores de Dios: las tablas en las que estaban inscritos los Diez Mandamientos, un gomer (1, 76 litros) de maná y la vara de Aarón (cf. Exo_25:21; Deu_10:2; Exo_16:33-34; Num_17:10).
Ya por los tiempos de Salomón solamente las tablas quedaban en el arca (1Ki_8:9).
El cofre también se llamaba «el arca del testimonio» (Exo_25:22), porque contenía las dos tablas que eran evidencia de la redención divina.
Éxodo 25.10–22 nos dice que el arca se construyó de madera de acacia con una medida de 1,80 m (largo) por 1,35 (ancho) por 1.35 (alto). Estaba forrado de oro por dentro y por fuera, y con su moldura de oro.
En cada una de sus cuatro patas había una argolla de oro en la parte superior atravezadas con varas de acacia en oro, que no podían quitarse y que servían para cargar el arca.
La tapa de oro o propiciatorio tenía las mismas dimensiones que la superficie del arca. Dos querubines de oro estaban sentados encima del arca frente a frente, en representación de la majestad celestial (Eze_1:10) que rodea al Dios viviente.
Además de contener memoriales de la redención divina, el arca representaba la presencia de Dios. Estar delante del arca equivalía a estar en la presencia de Dios (Num_10:35), aunque su presencia no se limitaba a la misma (cf. 1Sa_4:3-11; 7.2, 6).
El arca dejó de tener esta función sacramental cuando Israel comenzó a considerarlo como una caja mágica con poder sagrado (palladium). Dios prometió reunirse con Moisés frente al arca (Exo_25:22).
De esta manera, el arca funcionaba como un lugar donde se recibía la revelación divina (Lev_1:1; 16.2; Num_7:89).
El arca sirvió de instrumento mediante el cual Dios guiaba y defendía a Israel durante su peregrinaje en el desierto (Num_10:11).
En fin, fue sobre esta misma arca que el más insigne de los sacramentos de Israel, la sangre de propiciación, se presentaba y recibía cada año (Lev_16:2).