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Éxodo Capítulo 5 Biblia Reina Valera (1960)

Éxodo  capítulo 5

Éxodo  4 Éxodo  6

Éxo 5:1Después Moisés y Aarón entraron a la presencia de Faraón y le dijeron: Jehová el Dios de Israel dice así: Deja ir a mi pueblo a celebrarme fiesta en el desierto.
Éxo 5:2Y Faraón respondió: ¿Quién es Jehová, para que yo oiga su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco a Jehová, ni tampoco dejaré ir a Israel.
Éxo 5:3Y ellos dijeron: El Dios de los hebreos nos ha encontrado; iremos, pues, ahora, camino de tres días por el desierto, y ofreceremos sacrificios a Jehová nuestro Dios, para que no venga sobre nosotros con peste o con espada.
Éxo 5:4Entonces el rey de Egipto les dijo: Moisés y Aarón, ¿por qué hacéis cesar al pueblo de su trabajo? Volved a vuestras tareas.
Éxo 5:5Dijo también Faraón: He aquí el pueblo de la tierra es ahora mucho, y vosotros les hacéis cesar de sus tareas.
Éxo 5:6Y mandó Faraón aquel mismo día a los cuadrilleros del pueblo que lo tenían a su cargo, y a sus capataces, diciendo:
Éxo 5:7De aquí en adelante no daréis paja al pueblo para hacer ladrillo, como hasta ahora; vayan ellos y recojan por sí mismos la paja.
Éxo 5:8Y les impondréis la misma tarea de ladrillo que hacían antes, y no les disminuiréis nada; porque están ociosos, por eso levantan la voz diciendo: Vamos y ofrezcamos sacrificios a nuestro Dios.
Éxo 5:9Agrávese la servidumbre sobre ellos, para que se ocupen en ella, y no atiendan a palabras mentirosas.
Éxo 5:10Y saliendo los cuadrilleros del pueblo y sus capataces, hablaron al pueblo, diciendo: Así ha dicho Faraón: Yo no os doy paja.
Éxo 5:11Id vosotros y recoged la paja donde la halléis; pero nada se disminuirá de vuestra tarea.
Éxo 5:12Entonces el pueblo se esparció por toda la tierra de Egipto para recoger rastrojo en lugar de paja.
Éxo 5:13Y los cuadrilleros los apremiaban, diciendo: Acabad vuestra obra, la tarea de cada día en su día, como cuando se os daba paja.
Éxo 5:14Y azotaban a los capataces de los hijos de Israel que los cuadrilleros de Faraón habían puesto sobre ellos, diciendo: ¿Por qué no habéis cumplido vuestra tarea de ladrillo ni ayer ni hoy, como antes?
Éxo 5:15Y los capataces de los hijos de Israel vinieron a Faraón y se quejaron a él, diciendo: ¿Por qué lo haces así con tus siervos?
Éxo 5:16No se da paja a tus siervos, y con todo nos dicen: Haced el ladrillo. Y he aquí tus siervos son azotados, y el pueblo tuyo es el culpable.
Éxo 5:17Y él respondió: Estáis ociosos, sí, ociosos, y por eso decís: Vamos y ofrezcamos sacrificios a Jehová.
Éxo 5:18Id pues, ahora, y trabajad. No se os dará paja, y habéis de entregar la misma tarea de ladrillo.
Éxo 5:19Entonces los capataces de los hijos de Israel se vieron en aflicción, al decírseles: No se disminuirá nada de vuestro ladrillo, de la tarea de cada día.
Éxo 5:20Y encontrando a Moisés y a Aarón, que estaban a la vista de ellos cuando salían de la presencia de Faraón,
Éxo 5:21les dijeron: Mire Jehová sobre vosotros, y juzgue; pues nos habéis hecho abominables delante de Faraón y de sus siervos, poniéndoles la espada en la mano para que nos maten.
Éxo 5:22Entonces Moisés se volvió a Jehová, y dijo: Señor, ¿por qué afliges a este pueblo? ¿Para qué me enviaste?
Éxo 5:23Porque desde que yo vine a Faraón para hablarle en tu nombre, ha afligido a este pueblo; y tú no has librado a tu pueblo.

Éxodo  4 Éxodo  6


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Comentarios Sobre: Éxodo  Capítulo 5



Mundo Hispano      2025-05-29

Éxo 5:1-23 

 

(3) Jehová  contra el faraón, 5:1-11:10.

 

a. La fe probada, 5:1-23. La primera entrevista de Moisés con el faraón se encuentra en el cap. 5. El fondo histórico egipcio se refleja bien en el ambiente, las costumbres, el conflicto y la psicología del Medio Oriente. El marco geográfico es el propio del delta egipcio, y parece que la corte faraónica estaba cerca del sitio donde trabajaban los hebreos.

 

La negativa del faraón al pedido de Moisés produjo el conflicto entre Jehová  y el faraón, que se consideraba una deidad y cuya palabra era la ley de su país. El faraón tenía el poder de la vida o la muerte sobre todo el territorio de Egipto. Consecuentemente, las plagas le demuestran que la palabra del faraón no era final y que Jehová  era Señor sobre toda la creación y sobre la historia.

 

La Biblia presenta el éxodo como un rescate divino y no como una revuelta o escape de parte del pueblo. Sin el poder de Jehová  la gente esclava nunca podría haber salido de Egipto. En aquel entonces Moisés estuvo reticente para asumir el papel de caudillo; el faraón no quería perder una fuente de labor de tanto valor y el pueblo estaba desanimado por no creer que Moisés pudiera guiarlo a la tierra prometida por Dios. En medio de todo, la fe de Moisés fue probada seriamente al iniciar su ministerio, tanto con la reacción del faraón como con la del pueblo.

 

(a) El pedido rechazado, 5:1-5. Moisés y Aarón se presentaron ante el faraón, y con la fórmula profética característica de un mensajero dijeron: Jehová , el Dios de Israel, dice así: “Deja ir a mi pueblo para que me celebre una fiesta en el desierto“ (v. 1; para la fórmula ver 7:17; 8:1; 9:1, 13; 10:3). El mensaje fue claro y específico.

 

Debido a que los egipcios consideraban al faraón una deidad, la práctica de cualquier otra religión en su territorio era considerada una blasfemia y estaba prohibida. Así pues, Moisés pidió permiso para tener una fiesta fuera del territorio egipcio, a tres días de camino, para ofrecer sacrificios a Jehová ... (v. 3). Si el faraón se negaba, sería una declaración de muerte espiritual para el primogénito de Dios. Así se establecía paso a paso la justicia de la última plaga venidera: por la decisión del faraón, Dios finalmente apartaría los primogénitos de los egipcios de su tierra y de su dios por medio de la muerte. En todo se ve la lógica y rectitud del pedido divino y la justicia de las medidas usadas en lograr la libertad del pueblo.

 

El imperativo deja ir (v. 5) es una forma intensiva (Pi’el, de Shema  H8085) que significa “libra”, “deja ser libre”, o “da permiso para marchar”. La celebración de una fiesta (heb. hag  H2282), que suponía una peregrinación, era algo normal en la religión nómada, y más adelante los hebreos debían presentarse tres veces por año ante Jehová  (ver 23:14-17). En árabe la palabra hagg indica la peregrinación a La Meca que los fieles musulmanes realizan por lo menos una vez durante su vida.

 

La solicitud de permiso para ir al desierto a tres días de camino (v. 3) probablemente indica el tiempo aproximado que la peregrinación tomaría de ida y vuelta. La salida sería una prueba de que el Señor había llamado a Moisés, y el período corto de libertad sería un preludio a la libertad completa que vendría. Probablemente para Moisés la solicitud no era un subterfugio para que el pueblo saliera definitivamente en ese momento.

 

En el texto no hay ninguna evidencia de que Moisés y Aarón se portaran servilmente o trataran diplomáticamente a faraón. Entraron en la sala de audiencias y anunciaron directamente su propósito. Moisés sabía cómo encontrar la sala sin necesidad de pedir direcciones. También conocía personalmente al faraón sentado sobre el trono de Egipto.

 

El faraón les respondió en una forma clásica: ¿Quién es Jehová  para que yo escuche su voz y deje ir a Israel? Yo no conozco a Jehová , ni tampoco dejaré ir a Israel (v. 2). Es decir: “Te conozco a ti, Moisés, pero no conozco a Jehová ...” El verbo “conocer” significa “tener una experiencia con” Dios. Faraón no había tenido una experiencia con Jehová  y no admitiría que un dios de un pueblo esclavo le indicara lo que debía hacer. Además, no quería dar dignidad alguna a gente esclava al reconocer a su dios.

 

La pregunta, ¿Quién es Jehová ? (v. 2) es fundamental en el desarrollo del libro. Ya que el faraón no lo conocía, o no había tenido una experiencia con él, Moisés le presentaría a Dios por medio de varias señales o plagas: Así sabrán los egipcios que yo soy Jehová , cuando extienda mi mano sobre Egipto y saque a los hijos de Israel de en medio de ellos (7:5; ver 8:10; 9:29). ¡Al final el faraón conoció quien era Jehová ! Las plagas llegaron para ablandar su corazón y dar gloria al poder y la autoridad de Jehová . Por no conocer a Dios en obediencia, el faraón llegó a conocerlo en juicio, como sucede con todos.

 

Moisés y Aarón respondieron con más tacto, y diplomacia: en vez de usar el nombre Jehová , indicaron que el Dios de los hebreos (v. 3) los había visitado. Esta vez pidieron permiso de hacer un viaje de tres días por el desierto. Con la solicitud agregan una amenaza sutil: una peste y la guerra (espada, v. 3) podrían sobrevenirles si no obedecían la palabra de Jehová . Aunque la amenaza es contra Israel, los egipcios serían afectados adversamente por contagio (peste) o por una invasión.

 

El faraón no se dejó impresionar: Acusó a Moisés y a Aarón de distraer al pueblo de su trabajo y de hacerlo suspender su labor (vv. 4, 5). Suponía que habían llegado como delegados comisionados por el pueblo para presentar una demanda subversiva. Era consciente del crecimiento numérico del pueblo (v. 5; ver 1:9, 10) y pensaba que su pedido religioso era un pretexto para suspender sus quehaceres. Con la acusación el monarca preparaba el camino para agravar el trabajo de los hijos de Israel.

 

(b) El trabajo agravado, 5:6-14. En vez de responder positivamente al pedido de Moisés, el faraón inmediatamente llamó a los capataces y a los vigilantes y les mandó agravar el trabajo del pueblo. Los “capataces” eran los superintendentes egipcios de brigadas de trabajo, responsables de la dirección de la labor y producción de los esclavos. Los “vigilantes” eran seleccionados de entre los israelitas para servir como intermediarios entre los egipcios y los hebreos; eran responsables de satisfacer las órdenes de sus amos. Sobre ellos recaía cualquier castigo por no cumplir las cuotas asignadas de trabajo (v. 14), y además representaban a sus conciudadanos ante el faraón (vv. 15, 16).

 

El faraón retiró la provisión de paja para los adobes; en adelante los israelitas tendrían que recogerla por sí mismos sin reducir la cuota de producción. Los acusó de que por ociosidad pedían permiso para tener un feriado religioso para hacer sacrificios a su Dios (vv. 7, 8). Su respuesta fue: Hágase más pesado el trabajo de los hombres, para que se ocupen en él y no presten atención a palabras mentirosas (v. 9).

 

Desde tiempos prehistóricos los egipcios habían usado el adobe en la construcción. (Comp. el uso en muchas zonas de las Américas también.) La palabra “adobe” viene de los egipcios y llegó al idioma castellano por medio de la lengua arábiga.

 

Los adobes los hacían con la tierra negra arrastrada por las inundaciones anuales del río Nilo. Con ella preparaban un barro al que mezclaban pasto o paja para que tuviera más consistencia y fuerza. Después lo vaciaban en grandes moldes rectangulares y lo dejaban secar por ocho días al sol ardiente.

 

En unos frescos egipcios, tal como uno pintado en el siglo XV a. de J.C. en una tumba cerca de Luxor, se representa todo el proceso de fabricación de adobes hecho por prisioneros asiáticos. El relato bíblico concuerda con el escenario repleto de capataces egipcios tratando con vigilantes representantes de brigadas de obreros extranjeros.

 

Con la orden del faraón, el pueblo se dispersó por toda la tierra de Egipto (v. 12), es decir, por toda la zona del Delta, buscando rastrojo en lugar de paja. Mientras tanto, los capataces no dejaban de ejercer presión en cuanto al nivel de producción (v. 13), y cuando era imposible mantenerlo, azotaban con latigazos a los vigilantes de los hijos de Israel como castigo (v. 14).

 

(c) La queja contra Moisés, 5:15-21. De acuerdo con el sistema legal egipcio, los vigilantes pidieron una audiencia con el faraón buscando alivio. Con un lenguaje reverente y sumiso le explicaron el problema de la falta de paja que había reducido el nivel de producción. Consecuentemente, el castigo recibido era injusto puesto que la culpa era de los mismos egipcios, tu propio pueblo, por no darles paja (v. 16).

 

La respuesta del faraón fue corta y sin admitir ninguna clase de diálogo: ¡Estáis ociosos!... Por eso decís: “Vayamos y ofrezcamos sacrificios a Jehová .“ Id, pues, ahora y trabajad. No se os dará paja, pero habréis de entregar la misma cantidad de adobes (vv. 17, 18). El monarca arrojaba de vuelta las palabras de Moisés y en efecto decía: “Si queréis ofrecer sacrificios, hacédmelos: Id ahora y trabajad. Os doy oportunidad amplia de servirme a mí”. Con todo, no disminuyó la cantidad requerida de adobes (v. 19).

 

Al salir la delegación, Moisés y Aarón estaban esperándola (v. 20). La queja era dura y los vigilantes se volvieron contra Moisés y Aarón culpándoles por sus problemas: Jehová  os mire y os juzgue, pues nos habéis hecho odiosos ante los ojos del faraón... poniendo en sus manos la espada para que nos maten (v. 21).

 

El faraón había logrado su propósito. En vez de llevar a cabo su promesa de librar al pueblo, Moisés los había metido en peores circunstancias. Ahora la delegación pedía a Jehová  que juzgara a Moisés y a Aarón y los castigara de acuerdo con su culpa. Temían que el faraón los matara si no podían mantener la cuota de producción de adobes, y la culpa era de Moisés por pedir permiso de salir y celebrar una fiesta a Jehová .

 

(d) La oración de Moisés, 5:22, 23. Desanimado, Moisés llevó el desastroso problema a Dios. Era su primer contratiempo y no lo había esperado. Pero, en vez de rechazar su misión y abandonarla, buscó dirección divina. No se justificó ante los suyos, sino que acudió a Jehová : Señor... ¿Para qué me enviaste? (v. 22). El sentía una vez más el rechazo del pueblo y, pensaba que había sido abandonado por Dios. (Comp. la angustia de Jesús sobre la cruz, Mar_15:34.) Desde su entrevista con el faraón en el nombre de Jehová  las cosas habían empeorado y Dios no había librado al pueblo (v. 23).

 

Verdades prácticas  1. Muy a menudo lo que Dios nos pide hacer está en contra de las costumbres o prácticas del mundo porque Dios nos usa para enderezar al mundo.

 

2. Los obstáculos para adorar a Dios siguen siendo numerosos en nuestros días. Cuando un nuevo creyente quiere ir al templo a adorar, muchas cosas y personas reclaman su atención al tiempo que él quiere ir, o encuentra la oposición de personas en su misma casa. Adorar a Dios requiere una decisión firme del adorador.

 

3. El trabajo, que debiera ser una bendición porque de él vienen nuestros ingresos, a menudo se convierte también en un obstáculo para adorar. El tiempo del trabajo se extiende frecuentemente horas extras, o requiere un horario que incluye los domingos y días de adoración. Al irse perdiendo la santidad del domingo los creyentes encuentran más dificultades para ir al templo. ¡He aquí otra necesidad de centrar nuestra sociedad en principios cristianos!

 

Verdades prácticas  1. Así como los magos egipcios, los que se oponen a la obra de Dios tienen poder para hacer cosas impresionantes; no obstante, hoy, como pasó con Moisés y Aarón, las señales o milagros del Señor son superiores al poder de la oposición. Los milagros son demostraciones del poder divino; atraen la fe y pueden ser útiles para ablandar el corazón de los que se oponen. ¡El milagro más grande del Señor es salvar y transformar totalmente la vida de uno!

 

2. Dios se reveló a faraón utilizando la naturaleza que había creado; sin embargo, los eventos tenían que ser interpretados por Moisés, el representante divino, para que fuesen entendidos como revelación.

 

3. Exo_9:16 indica con claridad el propósito misionero del libro, lo cual es fundamental para su interpretación (Exo_19:3-6). Dios mandó su palabra al faraón: ". . . te he dejado con vida para mostrarte mi poder y para dar a conocer mi nombre en toda la tierra." El deseo divino que su nombre fuese conocido en todo el mundo daba (y da) autoridad a la obra misionera. Desde la creación la Biblia presenta a Dios como el creador de todo el universo y de todo lo que en él hay. El Señor ha obrado en el mundo para que todos lo conozcan. Desde el principio su gracia incluía al mundo entero, por lo que llamó a Israel para que el mensaje de salvación fuera anunciado a todas las naciones (Exo_19:3-6; Gen_12:1-3).

 

4. No todas las generaciones verán grandes actos justicieros de Jehová ; sin embargo, cada generación tendrá la responsabilidad de compartir la memoria sagrada del éxodo de Egipto con los suyos. Cada generación debe entregar la verdad a la que sigue. Tal confesión mantendrá viva la memoria de la salvación divina y ayudará a los hijos y a los nietos a saber quién es Jehová . Así, la historia sagrada vendrá a ser una parte de la herencia espiritual perpetua del pueblo (Gen_10:1-2).

 


Mundo Hispano      2025-05-29

Éxo 4:1-31 

 

El miedo de falta de credibilidad, vv 4:. 1-9. Moisés temía que el pueblo no le creyera (v.1). Era un problema, porque la credibilidad era esencial si Moisés iba a guiarlo en el futuro. Por cierto, Israel tuvo que guardarse de los profetas falsos (ver Deu_18:15-22 y 13:1-5). Además, ¿cómo podría probarles Moisés que el encuentro con Jehová  había sido real y no algo subjetivo? No quería ser rechazado otra vez. ¿Cuál evidencia tenía él de la presencia prometida del Señor?

 

En respuesta, Jehová  le dio tres milagros de transformación que podrían ser usados como demostraciones para que creyera el pueblo que el Señor le había aparecido (v. 5). No se dieron como pruebas conclusivas que servirían de una vez y para siempre para convencer al pueblo de que Moisés era profeta de Dios. Tampoco eran pruebas finales; aun éstas tendrían que ser aceptadas con fe en el propósito divino de una liberación futura. Además, cuando los milagros mismos eran aceptados, el significado no era claro para todos: el faraón los vio y no creía el propósito de lo que veía.

 

La señal de la vara, vv. 2-5. Jehová  le preguntó: “¿Qué es eso que tienes en tu mano?“ (v. 2). Moisés tenía lo que cualquier pastor tendría: una vara común. Tírala al suelo (v. 3), le dijo Jehová , y cuando Moisés lo hizo, se convirtió en una serpiente. Moisés conocía bien las serpientes que había en la zona y huía de ella. Sin embargo, no era suficiente el milagro así. Extiende tu mano y agárrala por la cola (v. 4). Cualquier adiestrado en manejar las culebras sabe que agarrar la cola de una víbora no es lo mejor; debe inmovilizarse la cabeza contra la tierra y agarrar la serpiente por atrás de la cabeza. Sin embargo, según la palabra de Jehová , Moisés la agarró por la cola, y volvió a ser vara en su mano (v. 4b). ¡Otro milagro! El propósito era demostrar al pueblo que Dios de veras le había aparecido (v. 5).

 

La señal de la lepra, vv. 6-8. El segundo milagro fue igualmente dramático. A la orden de Jehová , Moisés se metió su mano en su seno, y al sacarla, he aquí que su mano estaba leprosa, blanca como la nieve (v. 6). La mano bien bronceada por el sol caliente del desierto se había convertido en una blanca: leprosa. Era la plaga tan temida, la que aislaba al individuo de la sociedad y producía la muerte lenta pero segura con dolores agudísimos. Era una enfermedad incurable. Entonces el Señor le dijo Vuelve a meter tu mano en tu seno (v. 7), y la sacó sana como el resto de su carne.

 

La señal del agua, v. 9. Como si estos dos milagros no fueran suficientes, Jehová  le dijo que tomase agua del Nilo y la derramara en tierra seca y se convertiría en sangre.

 

Dios le dio tres señales que serían suficientes para convencer al pueblo, y parecería que satisfarían a Moisés también, pero no fue así. Todavía seguía protestando obstinadamente, buscando liberación de su responsabilidad en el plan redentor divino.

 

El problema de la comunicación, vv. 10-12. Moisés protestaba que nunca había sido hombre de palabras y que era tardo [lit. “pesado”] de boca y de lengua (v. 10). Se ha sugerido que probablemente tenía un impedimento en el habla; sin embargo, de un análisis del texto no lo parece. No tenía dificultad en presentar pronto las razones por las cuales no debiera hacer el trabajo. Según el texto hablaba bien para formular excusas y dar razones por las cuales el Señor no debía mandarlo a él al faraón. Era tardo en decir que “sí” al llamamiento; era presto para decir que “no”. Parece que el problema estaba no tanto en el hablar sino en la falta de deseo de hacer lo que Jehová  le pedía.

 

El Señor le respondía claramente; lo conocía completamente, no solamente por nombre. Lo había creado, y no le prometió curar su impedimento para hablar, sino que le mandó ir y le prometió estar con su boca y enseñarle lo que tendría que decir (vv. 11, 12). La presencia divina no simplemente le acompañaría (3:12), sino que le daría poder de hablar o testificar eficazmente (ver Act_1:4-5; Act_4:8, Act_4:31; etc.).

 

La falta de un deseo personal de ir, vv. 13-17. La última petición de Moisés, que Jehová  enviara a otra persona (v. 13), trajo el enojo del Señor; no obstante, Jehová  le dio a Moisés una válvula psicológica de escape. Dios, el soberano Señor del mundo, le avisaba que su hermano Aarón, aquel que hablaba bien, estaba en camino para encontrarlo (v. 14).

 

Evidentemente Moisés por años había tenido alguna clase de contacto con la familia durante los cuarenta años de ausencia de Egipto, aunque escaso, porque el texto dice al verte, se alegrará en su corazón (v. 14b). Aarón sabía cómo encontrarlo y reconocería a Moisés. Frente al miedo de Moisés de hablar en público (que venció durante su ministerio), Aarón sería su vocero (vv. 15, 16).

 

El texto aquí, en combinación con 7:1, ofrece la definición más clara de la Biblia en cuanto al trabajo del profeta. Entonces Jehová  dijo a Moisés: “Mira, yo te he puesto como dios para el faraón, y tu hermano Aarón será tu profeta“ (7:1). ¿Cuál era la función profética? Tú dirás todas las cosas que yo te mande, y Aarón tu hermano hablará al faraón... (7:2). Tu le hablarás y pondrás en su boca las palabras... El hablará por ti al pueblo y será para ti como boca, y tú serás para él como Dios (4:15, 16).

 

Al final del encuentro, el Señor le mandó: Lleva en tu mano esta vara, con la cual harás las señales (v. 17). Enfáticamente Jehová  decía que era una vara especial, esta vara, no otra cualquiera. Durante toda la vida de Moisés esta vara iba a jugar un papel de importancia aun hasta el extremo.

 

Finalmente Moisés, el instrumento especial en la mano del Señor, se sometió y salió del monte llevando la vara especial de Dios en su mano. Jehová  había logrado el primer paso; quedaba todavía por convencer el pueblo incrédulo, además del faraón del corazón endurecido (4:21). No obstante, se acabaron las protestas de Moisés.

 

e. El regreso a Egipto, 4:18-26. Todavía le quedaba a Moisés una pequeña esperanza de escaparse del mando divino: tendría que pedir permiso de su suegro, el jefe de la tribu (v. 18). Al casarse, se identificaba con la familia de su esposa y aceptaba su gobierno. Pero aun ahí, el Señor ya había preparado el camino y Jetro dijo a Moisés: “Vé en paz“ (v. 18b). Entonces, Dios le reveló que el regreso no significaría peligro de vida para él porque han muerto todos los que procuraban matarte (v. 19).

 

Con la bendición de Jetro y reasegurado por Dios, Moisés tomó a su mujer y a sus hijos, los puso sobre un asno y regresó a la tierra de Egipto (v. 20). En camino el Señor le indicó otra vez que el faraón no dejaría ir fácilmente al pueblo (vv. 21-23). En aquel momento Jehová  le explicó a Moisés su derecho para librar a Israel: Israel es mi hijo, mi primogénito (v. 22). El faraón, considerándose divino, pensaba que tenía derecho sobre el primogénito de Jehová , aun hasta maltratarlos y matar a los niños varones. Jehová  afirmó que él tenía el derecho de reclamar la libertad de su primogénito. Si rehusara dejar ir al pueblo, Jehová  tendría el derecho de matar al primogénito del faraón. El veredicto ya expuesto por el faraón sobre Israel no era simplemente contra un pueblo extraño que vivía en la tierra sino era contra su propia gente. Lo que se sembrara sería lo que se cosecharía (ver Job 4:8; Psa_22:8; Hos_8:7; Gal_6:7; etc.). El Señor indicó que al final de la confrontación el faraón quedaría reducido a su mortalidad; era impotente en frente a Jehová  (ver Exo_10:1-2).

 

Los vv. 24-26 figuran entre los más difíciles de interpretar en el AT. Si Dios lo había llamado, ¿por qué procuraba matarlo? (v. 24) Evidentemente había otra lección para aprender antes de llegar a Egipto. El trozo bíblico es muy antiguo y repleto de modismos. La expresión procuró matarlo (v. 24) es una que indica que Moisés estuvo a punto de morir. En aquel entonces se creía que todo lo que pasaba era resultado de la voluntad y acción directa de Dios. No se pensaba en causas secundarias puestas en acción por Jehová .

 

Hasta ahora, no existe ningún registro de la circuncisión de Moisés ni de sus hijos; sin embargo, era un rito antiguo hecho con Abram cuando tenía noventa y nueve años de edad. Era la señal del pacto entre el Señor y el pueblo (Gen_17:1-2, Gen_17:10-14). Gen_17:14 pronuncia castigo sobre el hombre no circuncidado. Al ver a su esposo tan enfermo, Séfora, su esposa (hija de un sacerdote también de la descendencia de Abram), resueltamente tomó un pedernal afilado, de acuerdo con el rito antiguo, y cortó el prepucio de su hijo y tocó con él los pies de Moisés... (v. 25). Se usaba la expresión los pies como un eufemismo por el órgano sexual, y Séfora, con la sangre del hijo, se aseguraba de que Moisés llevaba en su cuerpo una señal de la circuncisión. Cuando se dio cuenta de que Moisés mejoraba, ella dijo: ¡De veras, tú eres para mí un esposo de sangre! (v. 25). Con esto se salvó la vida de Moisés y el autor agrega: Entonces le dejó. Ella había dicho “esposo de sangre“ a causa de la circuncisión (v. 26). Era otra enseñanza acerca de la religión y práctica de Abram que Moisés aprendió en el desierto. ¿Cómo podía él ir al pueblo con un llamado a la fidelidad a la fe de los padres sin practicarla él mismo?

 

f. El encuentro con el pueblo,Gen_4:27-31. Del enfoque sobre Moisés, el texto cambia para dar una mirada breve hacia el encuentro con Aarón. Mientras Jehová  trabajaba con Moisés en Sinaí tocaba a

 

Aarón también en Egipto. Al impulso divino Aarón se fue al monte de Dios buscando a su hermano menor, y felizmente lo encontró (v. 27). Moisés, ya recuperado, le relató todo a su hermano (v. 28), y los dos fueron a los ancianos de Israel (v. 29). Aarón relató todas las cosas que Jehová  había dicho a Moisés, y éste hizo las señales ante los ojos del pueblo (v. 30). Con esto el pueblo creyó; y. . . se inclinaron y adoraron (v. 31). ¿En qué creyeron? Pronto se olvidaron (Gen_5:21). Más tarde el texto dirá que el pueblo temió a Jehová , y creyó en él y en su siervo Moisés (Gen_14:31). Al escuchar el relato de Aarón parece que creyó más bien en las señales (lit. "maravillas"), y Dios tendría que probar la fe para que fuera duradera. Las señales eran demostraciones del poder y de la presencia divina; no eran suficientes en sí para producir una fe que salva. Sin embargo, comenzaba el proceso, y aun con sus limitaciones, el pueblo creía. Se había logrado parcialmente el segundo paso. Ahora hacía falta persuadir al faraón.

 

Joya bíblica  El pueblo creyó; y al oír que Jehová  había visitado a los hijos de Israel y que había visto su aflicción, se inclinaron y adoraron. (Gen_4:31)

 

Verdades prácticas  1. El servicio en la obra del Señor mediante la iglesia no es opcional. Un cristiano de carácter maduro sabe que aunque su cuerpo se agote por la edad, todavía puede seguir sirviendo y luchando en oración.

 

2. El Señor nos envía a su obra, va delante de nosotros y conoce todos los obstáculos que encontraremos. El mismo es la solución para ellos, y los irá quitando conforme su plan y nuestra sumisión.

 

3. Si algunos cristianos emplearan la creatividad que tienen para inventar excusas para no cumplir con el Señor, y la usaran para servirlo, la obra sería más próspera.

 

4. Muchos quisieran poder hacer milagros para impulsar la obra del Señor. No hay milagro que conmueva más a los incrédulos que el cambio que el Señor puede hacer de una vida pecaminosa a una vida de santidad.

 

5. Los milagros u obras maravillosas las usa el Señor de acuerdo con su plan divino. A diferencia del AT. los cristianos somos la morada del Espíritu Santo, que va con nosotros a todas partes, y nos dirige, enseña y fortalece. No vamos menos protegidos que lo que fue Moisés a enfrentar su tarea. ¡Bendito sea el Señor!

 

Verdades prácticas  1. La libertad de expresión es un derecho natural en una sociedad libre. Consecuentemente, ha de defenderse hasta para aquellos con los cuales uno no está de acuerdo.

 

2. El Señor es el autor de la libertad: "Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad" (2Co_3:17). La Biblia propone libertades básicas: (1) libertad física (Isa_61:1) y espiritual (Rom_6:8), (2) libertad de la ignorancia (Joh_8:32), (3) libertad de palabra (Act_4:19-20), (4) libertad religiosa (Mic_4:2), (5) libertad del temor (Mic_4:3, Isa_2:4), (6) libertad de la necesidad (Mic_4:4; Isa_65:21-22), (6) libertad económica (Isa_65:23). La libertad es un concepto noble. ¿Es la libertad un ideal para uno solo, o para todos? ¿Estamos dispuestos como Moisés a sacrificar la ambición personal para que otros la tengan?

 

3. Nunca se es demasiado viejo para servir a Dios. Moisés tenía ochenta años y Aarón ochenta y tres cuando salieron de Egipto (Isa_7:7). Moisés no se dio por vencido por su edad, y no estuvo dispuesto a dejar la tarea de luchar por la injusticia a los más jóvenes. Bajo la dirección del Señor puso su sabiduría y madurez a la disposición de los demás.

 

Ver

 

dades prácticas  1. Cuando Moisés y Aarón fueron al faraón por primera vez se dieron cuenta inmediatamente que no podrían libertar al pueblo con sus propios esfuerzos. Muchas veces en la historia bíblica los hombres aprendieron que no se hace la obra del Señor por medio de la capacidad humana. Gedeón ganó la victoria sobre los madianitas con solamente 300 hombres escogidos que llevaban teas, cántaros y trompetas. Ciertamente el Señor los guiaba (Jdg_7:2-22). Cuando el remanente volvió del cautiverio babilónico en 536 a. de J.C. y quiso reedificar el templo, encontró oposición por todos lados. Dios mandó dos profetas para dirigir la obra, Hageo y Zacarías. Ellos entendieron que el templo sería levantado únicamente con la ayuda del Señor. Zacarías dijo: "No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová  de los Ejércitos" (Jdg_4:6). Estos hombres de fe no presumían de la ayuda de Dios, sino dependían de ella. La victoria final quedaba en las manos del Señor, y él obraba de acuerdo con su plan y soberanía.

 

2. Moisés tuvo una revelación más completa acerca de Dios que la que recibió Abraham. Los discípulos de Cristo recibieron una revelación acerca de Dios que era mejor que la que recibió Moisés. Esto no indica que la revelación más temprana era errónea, sino que no era tan completa como la siguiente. La revelación final se encuentra en el Cordero de Dios quien "se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo. . . haciéndose obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz!" (Phi_2:7-8). La revelación de Dios vino por hechos históricos y en una forma progresiva que concordaba con la necesidad del momento y con la capacidad de las personas de recibir la verdad. Esto no implica que cada generación conoce más acerca de Dios que las anteriores. Algunas generaciones rechazaron la verdad de Dios y otras tuvieron que aprender las verdades básicas otra vez. La revelación progresiva no concuerda con la teoría de evolución que implica una progresión lineal desde un nivel inferior hasta uno superior. Al contrario, significa que Dios se reveló lo necesario al momento preciso. La revelación subsecuente no anuló la anterior (en contra del concepto dialéctico), sino abrió una nueva dimensión a la verdad ya entregada. La revelación que Moisés recibió tuvo una dimensión mayor que la de Abram (Phi_6:3-4) tanto como la de Cristo es superior a la que Moisés recibió.

 

3. La salvación de Dios es liberación de toda clase de servidumbre.

 

4. El amor de Dios es constante y continuo.

 

 


Plenitud .      2025-05-29

Éxodo capítulo 5


5 . 1 Moisés pudo presentarse ante Faraón porque había sido adoptado por la hija del Faraón anterior. De manera que, aun cuando un nuevo rey había ocupado el trono, se acostumbraba a respetar a la descendencia del Faraón fallecido. Otra posibilidad que se desprende de la historia de Egipto tiene que ver con el hecho de que un Faraón, Ramsés II, recibía a todo el que lo quería ver. Durante las fiestas, las comunidades interrumpían su actividad normal para rendirle tributo, en ocasiones específicas, a ciertas deidades. Normalmente era un alegre momento dedicado a comer y adorar a algún dios. Celebrarme fiesta es la tercera forma que se utiliza para identificar el propósito de la liberación de Israel (véase 3.12, 18).

5 . 2 ¿ Quién es Jehová , para que yo oiga su voz ? : Al Faraón se le consideraba divino. De ahí que le costara trabajo creer que el Dios de un pueblo esclavo, aunque existiese, pudiera representar un peligro para él, mientras que ese Dios y su pueblo permaneciesen cautivos.

5 . 3 Los derechos del Faraón sobre los esclavos hebreos eran válidos sólo mientras éstos se mantuvieran en suelo egipcio. Al abandonar la región se convertían en hombres libres y no tenían que regresar.

5 . 10 Las excavaciones arqueológicas han mostrado la existencia de diferencias en los ladrillos usados en los edificios del noreste de Egipto; mientras mayor era la altura, menos paja se utilizaba.

5 . 14 Los capataces eran supervisores hebreos. Aparentemente, su condición privilegiada se mantuvo solamente el tiempo en que estuvieron al servicio del Faraón. Quizás por esta razón trataron de desacreditar a Moisés y a Aarón (v. 21).


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